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Els problemes dels metges. La opinió d'en Caralps.

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En Caralps va arribar al Sant Pau mentre jo encara hi treballava. Venia dels EUA envoltat de la aureola de ser un excel•lent fitxatge per l’hospital. Fins i tot, almenys entre els residents, hi havia una certa expectació que després no va defraudar. Bon cirurgià i excel•lent defensor d’una cirurgia cardíaca de gran nivell.

Llàstima que en el seu escrit a LA VANGUARDIA no faci esment de tot el col•lectiu sanitari.

Pel demès em sembla que coincidim, gairebé fil per randa amb els seus diagnòstics i ho explica molt bé. El tractament serà difícil. El pronòstic, incert.

¿Es que no tienen vocación?

JOSÉ M. CARALPS RIERA - 00:00 horas - 10/04/2006

Hace unos días coincidiendo con la huelga de enfermería de Sant Pau y con el anuncio de huelga de médicos, leí en una carta al director de un diario la frase que encabeza este artículo. Era el comentario de una paciente que mientras estaba siendo atendida en una sala de urgencias oyó a unos médicos dialogar sobre sus salarios.

Es posible que ésta y otras personas que puedan pensar igual no entiendan que la vocación no paga hipotecas, ni facturas de supermercados, ni ropa, ni colegios, ni cubre gastos de vacaciones, ni regala tiempo para estar con la familia. La vocación hace posible que muchos jóvenes escojan una carrera de seis años difíciles, al término de la cual deben presentarse a un examen complicado (MIR) que en el mejor de los casos les abrirá las puertas de una residencia, con una duración de tres a cinco años de especialización y una remuneración en absoluto acorde con las horas de trabajo y la responsabilidad de éste. La vocación también hará posible que accedan después a una plaza en la sanidad pública con un sueldo poco apropiado a su preparación e irrisorio si lo comparamos con los sueldos que se perciben en países europeos de nuestro entorno y semejanza, como Grecia y Portugal, donde los facultativos tienen salarios y complementos que son el ¡doble! de los que se perciben aquí. La vocación hace posible trabajar muchas horas gratis y estudiar en ratos de ocio para que los conocimientos que se adquieren eleven el nivel asistencial de la sanidad; la vocación es indispensable para que al abandonar físicamente tu lugar de trabajo sigas intelectualmente ligado a los problemas de un determinado paciente, condicionando a costa cero tus ratos de ocio y los de tu familia; también permite la vocación que si los problemas derivados de la enfermedad de un paciente se complican, aparezca tu nombre como presunto culpable de un hecho no juzgado, en determinados medios de comunicación. También permite la vocación trabajar con pocos recursos y ver tu ilusión menospreciada por gestores sanitarios de preparación no siempre contrastada y máximo salario, que anteponen decisiones políticas y económicas a las asistenciales, y que muestran una falta absoluta de sensibilidad hacia los colectivos de trabajadores de la salud sin darse cuenta, ni ellos ni la sociedad, de que una parte importante del coste sanitario lo financian los bajos sueldos de médicos y enfermeras.Los profesionales de la salud estamos cansados de trabajo duro y responsable sin compensaciones, también económicas, ¿por qué si no médicos y enfermeras emigran a países de nuestro entorno? La falsa moralidad exige heroicidad a precio nulo, pero el héroe debe vivir. Y sobre todo tiene el derecho y el deber de quejarse de situaciones que hacen que su vida sea manipulada por sentimentalismos atávicos. Lo inmoral no son las huelgas, sino la ceguera de unos dirigentes que se aprovechan de la vocación y de la ilusión para el sometimiento laboral, sin dejar al descontento otra salida que los paros y manifestaciones quizás para enfrentarnos a los usuarios que sufren más por las carencias del sistema que por los paros necesarios para intentar mejorarlas...

La única manera de trabajar mejor, con ilusión para no sacrificar nuestra vocación, es teniendo las retribuciones y compensaciones que nos igualen a países de nuestro entorno europeo; que se contrate el numero necesario de médicos y enfermeras para optimizar la calidad asistencial y para mejorar los tiempos de ocio que deben acompañar un trabajo intelectual intenso y estresante.

Se debe exigir una participación más activa de los colegios de médicos para ayudar a obtener las aspiraciones de sus afiliados. Se deben exigir actuaciones políticas que permitan alcanzar nuestras metas. Estamos cansados de políticas contemporizadoras que sólo resuelven la continuidad del político de turno, pero no los problemas que plantea la sociedad. Lo políticamente incorrecto es en muchas ocasiones lo único que puede resolver estas situaciones. La sanidad, uno de los tres pilares básicos del Estado de bienestar, carece de los recursos necesarios para alcanzar el nivel europeo. Es posible que esto se deba a que los objetivos de los políticos no coincidan con los de buena parte de la sociedad. Somos una nación, pero deberíamos ser antes que nada un país.

JOSÉ M. CARALPS RIERA, jefe de servicio de cirugía cardiaca

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